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Congolandia El Reino de los Ilusionistas e Ilusos


Por: Erick Simpson Aguilera

El Ilusionista

Érase una vez en un reino lejano conocido como Congolandia, el cual era gobernado con mano de hierro por una casta cuasi sacerdotal denominada Los Ilusionistas, la cual era entendida en enigmas y artes prestidigitadoras -entiéndase en magia o ilusionismo- cuyas habilidades incluían el crear realidades virtuales, universos paralelos, mundos fantásticos de bienestar, y viajes astrales, en las mentes y espíritus supersticiosos de los vulnerables habitantes del mencionado reino, a quienes denominaban Los Ilusos, los cuales en su ignorancia consideraban a estos ilusionistas opresores, una suerte de seres divinos escogidos por la providencia para someterlos de por vida, ergo, debían rendirles culto y sumisión, que, un buen día el orden establecido se vio turbado por un despertar repentino de los oprimidos Ilusos, quienes comprendieron que el supuesto poder, sabiduría, y habilidades de Los Ilusionistas, eran solo una ilusión.

Es este reino de fantasía, gobernado por Los Ilusionistas, la mayoría de los ciudadanos anhelaban ser aprendices de hechiceros, domadores de serpientes, y rateros profesionales, con la finalidad de tener alguna movilidad hacia la clase dominante. Sin embargo, la casta de Los Ilusionistas era muy hermética, guardaban celosamente sus secretos, y no mezclaban su linaje, de manera que, se garantizara el dominio perpetuo de su progenie elitista, sobre la gran mayoría de Ilusos a quienes cerraban las puertas de ese selecto grupo dominante.

Así las cosas, los roles estaban bien definidos en el Reino de Congolandia, a saber, una elite de Ilusionistas a la cabeza del reino controlando la gran riqueza producida por la clase oprimida, y la gran mayoría de ciudadanos, léase, Los Ilusos, en la base de la pirámide sufriendo la opresión, esclavitud, vida cara, carencias y limitaciones, pobreza, desigualdad, ignorancia y abandono.

Era tal el dominio y conocimiento de las artes ilusionistas que tenía la clase dominante que, a base de trucos prestidigitadores, habían convencido a Los Ilusos de que, la pobreza, la desigualdad, corrupción, saqueo sistemático, el hambre, y otras lacras por el estilo, no existían en el Reino de Congolandia, y que dicho reino era el mejor del mundo, un reino de fantasía y bienestar del que se deberían sentir orgullosos de pertenecer, y quién dijera lo contrario, u osara quejarse de su triste y precaria situación, sería acusado y condenado por traición a la patria, sedición, defraudador fiscal que se resiste al cambio, medio de desinformación con una agenda política oculta, enemigo del Estado, y opositor al reino. Todo lo cual, está prohibido y penado por la ley de Congolandia, conocida como El Código del Juega Vivo. De modo que, todos los Ilusos se sometían a las leyes del reino por convencimiento bajo los efectos del hechizo de La Ilusión, o por miedo al  Código del Juega Vivo.

El mencionado Código del Juega Vivo, también estipulaba el método para renovar el reino al final de la fiesta celebrada en el año del jubileo. Durante el año del jubileo la clase dominante, léase, Los Ilusionistas, escogían dentro de su propia elite, a varios candidatos de su estirpe para que uno de los elegidos reinara por un periodo de cinco años, de modo que se garantizara el dominio del linaje ilusionista sobre los desdichados ilusos a quienes le vendían la ilusión de que eran ellos quienes escogían al nuevo rey.

De modo que, como hábiles aprendices de hechiceros con la capacidad de fumar bajo el agua, caminar de cabeza, y convertir en zombis a los ciudadanos, los candidatos a gobernar el reino, competían para ver quién era más diestro zombificando a Los Ilusos con pócimas mágicas de promesas vacías, huecas y estériles, que les vendían un paraíso si creían en ellos para ser nuevos reyes.

Estas pócimas zombificadoras incluían, la promesa de integrar a todos los ciudadanos del reino a la clase selecta y dominante de Los Ilusionistas, acabando así con la desigualdad, el apartheid, y clasismo. Además repartían durante la fiesta del jubileo, otras prebendas materiales inmediatas como jamones, pavos, bicicletas, refrigeradoras, estufas, sacos de cemento, bloques, hojas de zinc, conciertos de reggaetón, bebidas alcohólicas, gorras, sweaters y otros souvenirs alegóricos de los candidatos a reyes, y demás chucherías con que se conformaban los ignorantes Ilusos.

Así trascurría el devenir en Congolandia cada cinco años, hasta que en el quinto año denominado El Jubileo, se renovaba el reino con un nuevo tirano de turno que se encargaría de perpetuar el corrupto y opresivo sistema político de gobierno, conocido como, La Ilusión.

El sistema funcionaba; nadie se quejaba y todos vivían conformes en el Sistema de La Ilusión. Hasta que, en  un año de jubileo, entre los candidatos Iluminatis escogidos por la casta de Los Ilusionistas, surgió un candidato oscuro con gran poder de convencimiento, el cual se hacía llamar, El Brujo Mayor, alias Harry Potter.

Este candidato demostró un gran dominio de las artes mágicas, del ilusionismo, y del manejo de las pócimas del engaño. Su capacidad de mimetizarse con la oprimida clase de Los Ilusos, era tan grande que, parecía uno de ellos; hasta se disfrazaba con los atuendos de las profesiones y oficios desempeñados por los excluidos, hablaba como ellos, y les prometió que, cuando él gobernara el reino, ahora sí, todos los congos (gentilicio de Congolandia) serían ascendidos a ilusionistas.

Así las cosas, el reino entero sucumbió ante el encanto del nuevo hechicero que se convirtió en el tirano de turno. Pero, para sorpresa de Los Ilusionistas, El Brujo Mayor alias Harry Potter, no estaba dispuesto a compartir su poder con nadie, y cumplió su promesa de tratar a todos los ciudadanos del reino como iguales sin distingo de clase alguna; de manera que, todos vinieron a ser serviles del Brujo Mayor sin importar la estirpe ni el abolengo, implantándose así un nuevo régimen de terror bajo un solo rey y tirano por encima de Ilusionistas e Ilusos.

Ahora ya sabían Los Ilusionistas lo que sentían Los Ilusos al ser engañados cada año de jubileo con falsas promesas, para ser oprimidos y perseguidos durante cinco años de tiranía, embrujos, ilusiones, corrupción y saqueo. Quien se levantara contra la autoridad de Harry Potter que concentró todos los poderes bajo su puño de hierro, sería perseguido y condenado por traición a la patria, sedicioso, desinformador, calumniador e injurioso, defraudador fiscal, enemigo del Estado, y opositor al régimen.

La vida de por si dura en el extremadamente rico para pocos y perversamente pobre para muchos, Reino de Congolandia, se tornó mucho más insoportable. Pero aun así,  muchos de los congós estaban bajo los efectos de los hechizos del Brujo Mayor viviendo en una ilusión, y gritaban a los cuatro vientos “Vamos Bien” creyendo que residían en el mejor reino del mundo, no obstante, fueran presas todavía de la desigualdad, pobreza, carencias, vida cara, inseguridad, ignorancia, corrupción y saqueo, pero, con menos libertades que antes.

Hasta que, un día Harry Potter se metió con un grupo de nativos originarios de Congolandia, quienes vivían en sus propios territorios, bajo sus propias leyes al margen del Código del Juega Vivo, con sus propias costumbres, y ajenos al Sistema Político impuesto por Los Ilusionistas denominado, reitero, La Ilusión.

Como un solo cuerpo, unidos, y sin temor ni miedo a los ejércitos, hechizos, poderes mágicos, y pócimas del Brujo Mayor, los nativos se enfrentaron al régimen tiránico, y pusieron en raya a Harry Potter quien no pudo despojarlos de sus tierras y ríos. Hecho inaudito que, inspiró a muchos de los oprimidos Ilusos quienes comenzaron a entender que, el poder de Los Ilusionistas y de su epitome Harry Potter, es limitado, e incapaz de someter a un pueblo unido bajo la causa de la libertad.

Poco a poco, la valentía y el espíritu combativo de los nativos, se fueron expandiendo por todo el Reino de Congolandia, el cual fue sacudido por un despertar de Los Ilusos, quienes entendieron que habían sido estafados viviendo en una ilusión. Así las cosas, Los Ilusos comenzaron a cuestionar el falso e ilusorio sistema de bienestar, las supuestas artes ilusionistas, los conocimientos, y poderes mágicos de la clase dominante, y a realizar que, la misma no tenía nada de divina, pero que sí tenía mucho de vividores, estafadores, y encantadores de serpientes que viven del cuento y la superstición con que manipulan a las mentes sensibles y manejables.

En fin, está historia continuará, pero su próxima entrega no saldrá hasta el 2014, y se titulará: “La Caída de Los Ilusionistas”.

Saludos cordiales.

Erick Simpson Aguilera.

Nota: Si alguien se siente aludido o identificado con algunos de los personajes de esta novela, por algo será, y no soy responsable por lo que su conciencia le grite a cada cual.

  1. Elena
    enero 12, 2013 en 5:15 pm

    Pronto Erick, leeremos la nueva historia “La Caída de Los Ilusionistas”. …Me gusto mucho el nombre de aquel candidato oscuro llamado El Brujo Mayor, alias Harry Potter jajajaja. Al buen entendedor, ¡¡¡¡Excelente relato!!!! Saludos!!!!……

  2. octubre 14, 2013 en 8:20 pm

    Congos panameños, cómo fue que nos dejamos arrastrar hacía este triste camino?

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